El amor es una mentira que inventó aquel que necesitaba creer en algo, en alguna esperanza que le quitara la pereza, el aburrimiento, la lata de encima. Le puso nombre a sus incontrolables ganas de compartir su ociosa vida, sus más lánguidos recuerdos y un presente de pasión.
El amor es una farsa, un momento de aparente alegría, una ilusión vacía, un eterno esperar. Ese concepto vive en la mente, es un tranquilizante para las pasiones, para los deseos ocultos, personales, individualistas, delirantes e intranquilos. Es una redundancia. Una excusa. Una falta de objetividad para lograr los objetivos personales. El amor no es de dos. El amor es una sensación de realización personal. Una meta, un logro unipersonal, individual. Este concepto de sentimiento está errado. Es una emoción, una consecución de sensaciones endocrinas que libera cierta glándula y hace que nuestro cuerpo se sienta liviano, establemente volátil, extasiado, drogado; sin dejar de sentirse completamente estúpido, hablando bobadas, soñando pelotudeces que jamás se podrían realizar.
Para enamorarse basta una mente perversa y perseverar en aquellos interiores deseos de aprovechamiento personal, de saciedad sexual, aparentemente en base al cariño. Para enamorarse basta tener el objetivo listo, claro y conciso: lograr la reproducción de la especie humana, evitando así que otra especie planetaria nos domine de aquí a ciertos años más. Porque más que mal, quienes se cazan (la zeta está bien escrita, tómese como quiera), no lo hacen para ser felices ni hacer felices a nadie, sencillamente lo hacen para formar una familia y con ello continuar con lo que hicieron sus padres, abuelos, bisabuelos, etc. La familia es un núcleo importante, pero no hace la felicidad. Como tampoco lo hace estudiar una carrera universitaria, ni comprarse una casa, ni tener un auto, ni volar hasta el Caribe. La felicidad viene en trocitos, como aquellos bombones o caramelos que siempre soñamos y anhelamos comer, o con los cuales soñamos en determinado momento complicado.
El amor es una sensación de tranquilidad, de compañía, de llenado –de relleno la verdad-. Si pudiéramos vivir sin amor no creo que el mundo se acabara, mas creo que la gente sería más consecuente con sí misma, porque no usaría a otro del sexo opuesto para llevar a cabo sus deseos y realizar ciertos actos que personalmente pudieran dejarle satisfecha. El planeta y la raza humana serían más consecuentes con el concepto de individualidad, de perseverancia, de amor y respeto, de tolerancia y sociedad, si cada uno viviera consigo mismo sus deseos y expectativas, si no dependiéramos de otros para lograr sonreír o simplemente vivir en paz. Pienso que lo peor que alguien pudo inventar en algún momento fue la palabra amor, porque no lo hizo a sabiendas que ello significa entrega y dedicación mutua, mientras que hoy el amor es una basura, una excusa, una farsa, un disfraz pestilente, una peste que, espero, algún día tenga solución.
Quien inventó el concepto de amor, por favor diríjase a la oficina del gerente: se le despedirá por ineficiente y faltar a la buena fe de su trabajo y, por consiguiente, se le imputarán de cargos como abusar de la buena fe de la sociedad y desórdenes públicos.
